La página de venta hace el trabajo que harías vos si pudieras hablar con cada interesado: explicar qué es el curso, para quién es y qué se lleva. Cuando una página no vende, casi nunca es por el diseño. Es porque el que llega no entiende en diez segundos si eso es para él.
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Para qué sirve la página
Tiene un solo objetivo: que la persona indicada se inscriba y la que no es para ese curso se dé cuenta sola. Las dos cosas te convienen. Un alumno que compró algo que no era para él es un reembolso, un reclamo o una mala opinión.
Por eso la página no tiene que convencer a todo el mundo. Tiene que contestar, en este orden, lo que se pregunta alguien que llega sin conocerte:
- ¿Qué voy a poder hacer después?
- ¿Esto es para mí?
- ¿Qué incluye exactamente?
- ¿Quién lo da y por qué le creo?
- ¿Cuánto sale y cómo pago?
- ¿Qué pasa si…?
El resto de esta guía es una sección por cada pregunta.
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El título: el resultado, no el tema
El título es lo único que lee todo el mundo. Tiene que decir qué va a poder hacer el alumno, no cómo se llama la materia.
- Tema: «Curso de acuarela».
- Resultado: «Acuarela desde cero: pintá tus primeros paisajes en cuatro semanas».
Debajo, una o dos líneas que completen: para quién es y qué hace falta para empezar. Y una imagen que muestre el resultado —un trabajo terminado, vos enseñando— en vez de una foto genérica.
Cuidado con las promesas. «Aprendé inglés en 30 días» te trae alumnos que se van enojados. Prometé lo que el curso enseña.
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Para quién es y para quién no
Es la sección que más se saltea y la que más reclamos evita. Tres o cuatro líneas de cada lado:
- Es para vos si… nunca pintaste, o pintaste y querés ordenar lo que sabés; tenés media hora por día; querés un resultado concreto.
- No es para vos si… ya manejás la técnica y buscás algo avanzado; esperás correcciones individuales diarias.
Decí también qué hace falta tener: materiales, un programa, un instrumento, conocimientos previos. El alumno que se entera después de pagar no vuelve.
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Qué incluye
Acá va el temario, pero escrito para quien todavía no sabe del tema. Los títulos de los módulos tienen que decir qué se logra en cada uno.
- Módulos con resultado. «Módulo 2: mezclar colores sin que se ensucien» en vez de «Módulo 2: teoría del color».
- Cantidad y duración. Cuántas clases son y cuánto tiempo lleva hacerlo.
- Material. Qué se descarga: guías, plantillas, archivos.
- Acompañamiento. Si hay encuentros en vivo, devoluciones o un lugar para consultas, y con qué frecuencia. Si no hay, también decilo.
- Acceso. Si es para siempre o por un tiempo, y si se puede ver desde el celular.
Si podés mostrar una clase de muestra, mostrala. Ver dos minutos de cómo enseñás convence más que cualquier descripción.
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Quién lo da
No hace falta un currículum. Hace falta que el lector entienda por qué sos la persona indicada para enseñar eso.
- Hace cuánto enseñás y a quiénes.
- Qué hiciste con eso que enseñás: tu trabajo, tus obras, tus clientes.
- Una foto tuya. La gente le compra a una persona.
Y lo que más pesa: lo que dicen tus alumnos. Dos o tres opiniones reales, con nombre, que cuenten qué pudieron hacer después del curso. Si todavía no tenés alumnos online, sirven las de tus alumnos presenciales, pidiéndoles permiso.
No inventes opiniones ni uses frases sin nombre. Se nota, y es peor que no tener ninguna.
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Precio y formas de pago
El precio tiene que estar a la vista. Esconderlo detrás de un «consultá» hace que la mitad no consulte.
- El importe, claro, y si es un precio de lanzamiento, hasta qué fecha.
- Cómo se puede pagar: tarjeta, cuotas, transferencia. En Argentina, saber que se puede pagar en cuotas decide muchas compras.
- Qué pasa después de pagar: «entrás al curso apenas se acredita el pago». Es la duda que nadie pregunta y todos tienen.
- Un solo botón, con un texto que diga lo que hace: «Inscribirme», «Comprar el curso».
Repetí el botón al principio y al final de la página. El que ya te conoce compra arriba; el que necesita leer todo, abajo.
En CoursesHub cada curso tiene su página pública con descripción, temario, precio y botón de compra, con los colores y el logo de tu academia. El alumno paga y entra cuando el pago se acredita.
Ver cómo funciona07
Las preguntas de siempre
Cerrá la página con las dudas que te hacen por mensaje. Cada una que contestás ahí es un mensaje que no tenés que responder y una venta que no se enfría esperando.
- ¿Necesito conocimientos previos?
- ¿Cuánto tiempo tengo para hacerlo? ¿El acceso vence?
- ¿Las clases son en vivo o grabadas? ¿Quedan grabadas?
- ¿Puedo hacerlo desde el celular?
- ¿Qué materiales necesito y cuánto cuestan?
- ¿Puedo hacer consultas? ¿Cómo?
- ¿Entregan certificado?
- ¿Qué pasa si no me sirve?
La del certificado tiene su propia guía: qué tiene que decir y cómo dar un certificado de finalización que se pueda verificar.
La última es la que más cuesta escribir. Tener una política de devolución clara —aunque sea «dentro de los primeros siete días»— baja el riesgo de comprar y casi nadie la usa. Y recordá que en las compras por internet el consumidor tiene por ley un plazo para arrepentirse: conviene que tu política lo contemple.
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Revisión antes de publicar
- Leela desde el celular. Es donde la va a ver la mayoría.
- Mostrásela a alguien que no sepa del tema y pedile que te diga, en una frase, qué se aprende. Si no puede, falta claridad arriba.
- Hacé una compra de prueba. Recorré el camino completo: botón, pago, acceso.
- Revisá los números: precio, fechas, cantidad de clases. Un dato viejo genera un reclamo.
- Sacá todo lo que no conteste una pregunta del lector. Una página más corta y clara vende más que una larga y completa.
Con la página lista, lo que falta es que llegue gente. Está en la guía de cómo conseguir tus primeros alumnos.