Publicar el curso no trae alumnos. Nadie va a encontrarlo por casualidad, y esperar a que pase es la razón por la que la mayoría de los cursos se queda sin vender. Los primeros alumnos se consiguen de a uno, casi siempre entre gente que ya te conoce, y con mucha menos tecnología de la que imaginás.
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Los primeros diez salen de tus contactos
No de la publicidad ni de un video que se viraliza. Salen de la gente que ya sabe que enseñás bien:
- Tus alumnos actuales y los que tuviste.
- La gente que alguna vez te preguntó si dabas clases y no pudiste tomarla.
- El grupo de WhatsApp de tu taller, tu estudio o tu gimnasio.
- Colegas que no enseñan lo mismo que vos y pueden recomendarte.
Escribiles uno por uno, con un mensaje personal y corto: qué armaste, para quién es y cuándo empieza. Un mensaje copiado a cincuenta personas se nota y no lo contesta nadie.
Es incómodo y es lo que funciona. Diez alumnos que llegaron así valen más que cien visitas de desconocidos, porque además son los que después te recomiendan.
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Vendé antes de grabar
Anunciá el curso con fecha de inicio y precio, abrí la inscripción y recién ahí terminá de producirlo. Pasan tres cosas a la vez:
- Sabés si interesa antes de invertir semanas de trabajo.
- La producción la financian los alumnos, no tus ahorros.
- Grabás para gente concreta, con sus preguntas en la cabeza.
Para que la preventa sea honesta tiene que quedar claro qué está listo y qué no, y cuándo va a estar. Y tiene que haber un precio de lanzamiento con fecha de fin: es el motivo para decidirse ahora y no «más adelante».
Si no se inscribe nadie, también es un resultado. Acabás de ahorrarte un mes y sabés que hay que cambiar el tema, el público o la forma de contarlo.
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Redes: mostrá lo que sabés, no lo que vendés
No hace falta convertirse en creador de contenido ni publicar todos los días. Hace falta que quien entre a tu perfil entienda en un minuto que sabés de lo que hablás.
- Una publicación por semana que resuelva un problema chico de tu tema. Un error frecuente y cómo se corrige. Un ejercicio. Una pregunta que te hacen siempre.
- Mostrá el proceso y el resultado de tus alumnos, con su permiso. Es la prueba de que lo que enseñás funciona.
- Una sola red, la que ya usás. Abrir cuatro perfiles para abandonarlos al mes no suma.
- Por cada publicación que vende, varias que enseñan. Un perfil que sólo anuncia cursos no lo sigue nadie.
Y poné el link a tu curso en el perfil. Parece obvio, y es lo primero que falta.
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Armá tu lista de contactos
Un seguidor es de la red social: mañana cambia el algoritmo y tus publicaciones dejan de llegarle. Un mail o un número de teléfono es tuyo.
- Empezá desde el primer día, aunque sean veinte personas.
- Pedí el contacto a cambio de algo útil: una guía en PDF, una clase gratuita, una lista de materiales.
- Escribiles aunque no tengas nada para vender. Si sólo aparecés para anunciar un curso, dejan de abrir.
- Pedí permiso. Sumá sólo a quien te dio su contacto para eso. Agregar gente a una lista de difusión sin preguntar te cuesta más de lo que te da.
Cuando lances tu segundo curso, esa lista es la diferencia entre empezar de cero y tener a quién avisarle.
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Una clase gratuita
Quien no te conoce no sabe cómo enseñás, y no hay descripción que lo reemplace. Una clase o un mini curso gratuito le deja probarlo sin riesgo.
Para que sirva tiene que cumplir tres condiciones:
- Que enseñe algo completo. Chico, pero que el alumno termine sabiendo hacer una cosa. Un adelanto que corta en lo mejor genera fastidio.
- Que pida registrarse. Es lo que te deja el contacto para avisar del curso pago.
- Que termine diciendo qué sigue. Si le sirvió, el paso natural es el curso completo. Decíselo.
Una clase en vivo abierta cumple la misma función y además te deja ver qué preguntan.
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Que te recomienden
El alumno conforme es tu mejor canal, pero rara vez recomienda solo. Hay que pedírselo y hacérselo fácil.
- Pedí una opinión al terminar el curso, cuando el resultado está fresco. Dos líneas alcanzan.
- Pedí permiso para publicarla con nombre. Una opinión con nombre y apellido vale mucho más que una anónima.
- Preguntá si conoce a alguien a quien le sirva. La mayoría conoce a una persona.
- Agradecé las recomendaciones. Un descuento en el próximo curso para el que trae a alguien es un gesto barato y que se recuerda.
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¿Y la publicidad paga?
Todavía no. La publicidad multiplica lo que ya funciona: si el curso se vende cuando alguien llega a la página, los anuncios traen más gente. Si no se vende, los anuncios sólo hacen que pagues por comprobarlo.
Tiene sentido invertir en anuncios cuando ya tenés ventas, opiniones de alumnos publicadas y una página que convierte. Antes de eso, cada peso rinde más puesto en tiempo: escribirle a contactos y publicar contenido útil.
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Un plan para cuatro semanas
- Semana 1. Armá la lista de todas las personas que te conocen como profesor. Definí el curso, la fecha de inicio y el precio de lanzamiento.
- Semana 2. Publicá la página del curso y escribile a cada persona de la lista, una por una.
- Semana 3. Dos publicaciones en tu red que enseñen algo del tema, con el link al curso. Una clase abierta o gratuita si llegás.
- Semana 4. Recordatorio del cierre del precio de lanzamiento. Empieza el curso. Anotá cada pregunta que te hagan.
Para que ese trabajo rinda, la página a la que llega la gente tiene que explicar bien el curso. Está en la guía de cómo armar la página de venta.
Tus alumnos son tuyos. En CoursesHub tenés el contacto de cada alumno de tu academia y podés exportar la lista cuando quieras. Empezás gratis y sin tarjeta.
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